martes, 27 de mayo de 2008

El sueño del libro (un cuento más o menos publicado)


Esta es la curiosa historia de un país donde los libros dormían.
En las bibliotecas, en muchas escuelas y en cientos de lugares donde mucha gente trabajaba, muchos libros descansaban sin ser siquiera abiertos.

Las luces de las bibliotecas estaban siempre apagadas y sus ventanas cerradas. Sin embargo, en todas las casas los televisores estaban encendidos todo el día, aun cuando las personas los miraran sin pensar lo que veían.

Y así como los libros dormían, la gente vivía como con los ojos cerrados. No podía comprender muchas de las cosas que le pasaban, estaba ciega a lo que ocurría a su alrededor.
Y así la gente del lugar se perdía de todo lo lindo que desconocía y hasta sufría cosas que le ocurrían, aunque nadie pudiera comprenderlas...

Hasta que un día un niño, aburrido de no encontrar nada interesante en la tele, tomó un libro y lo abrió. Y lo leyó. Y después leyó otro y otro más. Y así siguió sorprendiéndose con la biblioteca ¡y leyendo hasta el día de hoy!
Y siguió leyendo, porque entendió que leer es crecer. Porque es como ver mucho más lejos sin ver, es conocer países lejanos sin tener que viajar, es escuchar a personas y personajes que vivieron hace cientos de años, es llenar nuestras cabezas de cosas que sólo pueden entrar allí a través de las palabras.

Y ese niño pudo aprender todo eso, y pudo aprender a pensar mejor cada una de esas cosas.

Y como todo cuento tiene un final feliz, éste también lo tiene. Tinelli se murió y nunca más salió en la tele.

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lunes, 19 de mayo de 2008

El viejito.


Hacía frío. Estaba tapado con un plástico, sentado en bolas bajo la lluvia. No en bolas del cuerpo. Del alma, de afecto.
Sin más consuelo que un cartón de vino adentro. Y su propio calor y el humilde cariño que dispersó entre las personas que lo rodearon en el piso.
Porque llegaron unos enfermeros y lo ayudaron.
Y en seguida una cámara de televisión. Que mostró el abandono, la pobreza y la miseria. Del señor y de la gente. De la señal y la lente.
Y yo dije "noooo hijo de puta", "la puta madre" y "pobre viejito"...
Y volvió el viejito a agradecer y a suspirar un montón de veces. "Gracias hijo... gracias hijo..."
Y volvieron un par de piñas de la cámara. Las estocadas plásticas a la sensibilidad.
Dio gracias de nuevo y dijo que había cumplido 72. Y que no tenía a nadie. Que no tenía nada.
Y yo dije "la puta madre viejito..."
Y la reputa madre... Y ahí el agua y el frío. Y ahí en la vereda el viejito...
Y yo que estaba en la cama dije "cuando vuelva a Rosario voy a armar algo para los viejitos solos de la calle. Y les vamos a dar cosas que ellos no pueden conseguir y van a tener cosas para hacer y entretenerse y pasarla lindo hasta que les llegue la hora de no ser más viejitos que se van a morir..."
Y el cinismo de la cámara dando vueltas sobre el viejito. Y los enfermeros que lo ayudaron, antes y después del mate y la radio en la ambulancia.
Y yo en la comodidad de mi propio cinismo, tan cerca de tantos viejitos en esta ciudad...
Y otra vez pensé que algún día iba a hacer algo por esos viejitos. Y hoy amanece y vuelvo a pensar que alguna vez lo voy a hacer.
Y así...

Y al final hice algo. Hice la vista gorda. La gambeta larga. La huida rápida con la mirada disimulada.
Cantando para adentro para no escuchar lo que pienso. Dándole la espalda al viejito...
Como lo hizo la cámara despues de prostituir su soledad desnuda en la humedad y el frío.

Y escribí esto.

Y ahora pienso que una cosa tan insignificante a veces pretende parecer mucho, ¿no?

sábado, 17 de mayo de 2008

¿Cuándo?


Cuando te beso a la mañana y te acaricia mi olor.
Cuando el olfato no engaña y ese aroma es amor.

Cuando perdemos el control, cuando nos embobamos en la tele,
cuando las sábanas se enfrían y cuando la pantalla me duele.

Cuando te empujo hacia delante y quién sabe si es atrás.
Cuando apenas me decís “no” y siento que me maltratás.

Cuando bajo el sol de un sábado sentís que te llueve adentro.
Cuando somos carnaval de fuego y hay lluvia en el pavimento.

Cuando tengas la lengua mojada de dulce de leche y de ajo.
Cuando te recuerde el domingo “mañana volvés al trabajo”.

Cuando me gusta la comida ya sin sal ni mayonesa,
cuando mezclamos cosas lindas y la cama se hace mesa.

Cuando, inseguros de los errores, pensemos que andando erremos.
Cuando doy vueltas en el aire o me quedo en cama enfermo.
Cuando nos separe una pantalla y cuando nos una un termo.

¡También cuando te diga basta! Cuando no coma de tu pasta.
Cuando es más dura la dureza. Cuando empache la milanesa.

Cuando parece que futuro no hay.
Cuando te dejé sin pensar…
Cuando caminé yo solo. Cuando me fui a Paraguay.

Cuando dudaste, cuando mentiste.
Cuando esperaste, escapaste y te viniste.

Cuando iba a ser feliz, pero empecé solo y triste…

Cuando hagas las cosas que no sé si vas a hacer.
Cuando nos queme y nos duela lo que nos quede por aprender.
Cuando la noche de lluvia no sea nunca amanecer.
Cuando empiece a hablar en serio,
cuando deje de joder.

Cuando te acaricien mis manos,
cuando te aprieten mis brazos y mi boca te vuelva a morder.

Cuando sea plato o cama el escenario del placer.
Y la Paz al fin termine con la Guerra y el Poder.
Cuando algún mediodía no vayamos a comer.

Cuando nos sonría el sol o nos devore el cáncer.
Cuando la comida se pudra por no sacarla del taper.

Cuando llegue lo que ha de llegar.
Cuando recordemos lo bueno y lo malo,
y cuando nos riamos de eso y lo volvamos a olvidar.

Cuando el aliento se acabe y ni pueda respirar.
Cuando se corten las cuerdas y ya no haya guitar.

Cuando escriba poesía y cuando me estire la prosa.
Cuando volvamos a Rosario y pasemos por Formosa.
Cuando el dolor sea amarillo y el llanto nos huela rosa.

Cuando vuelvas a ver tele y yo vaya a Capoeira.
Cuando alguna vez al viernes le llamemos sexta feira.

Cuando cambiemos de país. Cuando haya caca y pis…

Cuando criemos un niño que me embobe de cariño.

Cuando me harte del mundo y no quiera trabajar.
Cuando el número sea tres y le enseñes a sumar…

Cuando vivamos en la montaña, en Bolivia o en el mar.
Cuando construyamos cabañas o volvamos a chatear.

Voy a recordar que te amo.
Y que es lindo vivir juntos.
Me va a costar pedirte perdón después de curarte los puntos.

Voy a abrir mis ojos de mañana sin sentir que es media cama.

Voy a ser ciego y creer siempre que quien está a mi lado, seguro,
también me ama.



sábado, 26 de abril de 2008

J.R.


Hoy gambeteo entre letras
por un sentimiento que es fuerte.
Y decime vos si no
tenés mucho que agradecerle
a quien yo le escribo hoy,
al mago del verde césped.
Guerrero de galera y bastón:
mi amigo Juan Román Riquelme.

..

Por la magia de tus pies
he visto mi rostro alegre.
Sonreí en el ´98,
también el último miércoles.
Y lo hicieron mis amigos,
Nestor, Pale, el Pato y Fede.
Y hasta en ese mundo de amigos
te metiste pa´ tallar
mil recuerdos que me envuelven:
tengo fresca en la memoria
una imagen en Formosa
cuando, gracias a Riquelme,
festejamos abrazados
volver a tener la Copa
que fue esquiva pero en La Boca
ayer, hoy y mañana duerme.
Y con toques de esa magia
pa´ jugar con la redonda
me mataste tantas veces,
que has marcado mi historia
y eso quiero agradecerte.

..

Varias veces lo escuché:
te insultaron con “Freezelme”.
Ojalá pudieran ellos,
-que con agravios desmerecen
tu pasión por la pelota,
tu talento y tu despliegue-
hacer un pase de magia
de los que sólo hace Riquelme...
Y aunque ellos, insistentes,
griten a los cuatro vientos
que sos frío e indiferente,
y te endosen su amargura
bautizándote “Tristelme”,
yo sólo te digo gracias
por llenar de amor y fútbol
los colores del Xeneize.
Colores que inflan mi pecho,
que me llenan la garganta
y tienen bien alta mi frente.
Y si arrugás la frente vos
y la boca se te tuerce
aunque luzcas afligido
-con la cara del “Tristelme”-
me alegro porque lo sé:
lo estás pariendo y se viene
uno de esos tiros libres
nacidos pa´ estremecerme.

..

Es tan mágico ese pie...
No sólo pinta sonrisas
mientras te veo por tele.
También me dio a conocer
un milagro sorprendente:
engendraste algo en común
entre mí y el Presidente.
El también hincha por Boca
y se alegra con Riquelme.
Y como si eso fuera poco
jugaste por defenderme.
No a Cristian Ochoteco,
no a mí personalmente.
Luchaste por los colores
de mi amada camiseta,
que en glorioso azul y oro
nuestros corazones envuelve.

..

Ojalá juguemos juntos
amigo Román Riquelme.
Ojalá vengas a casa
y alguna pisada me enseñes.
Y si ahora no podés
por jugar domingo y miércoles,
yo te espero, vení en enero
que mientras preparo el tere.

..

Me alegraste, emocionaste,
me hacés sobrar y envilecerme.
Pelear a las gallinas
y gozar a Independiente.
Y, aunque yo no sé llorar,
un llanto quizá aparece
después de comerte la cancha
en una final de julepes.
Por esto te escribí hoy
mi estimado J.R,
y por más que busque frases
pa´ poder agradecerte,
no me alcanzan un millón.
Las letras se desvanecen...

..

Sólo queda despedirme,
te veo mañana o el miércoles.
Gracias y abrazo de gol
querido Juan Román Riquelme.


martes, 22 de abril de 2008

lunes, 14 de abril de 2008

Pelotudo Yo.


Algunas veces en que me sentí más, más, más, más y más pelotudo que de costumbre...


1. Cuando, acostumbrado a hablar en el tierno y aniñado idioma de mi primita de 7 años, le dije al imprentero "¿LO ME DOBLÁS?". Necesitaba que me doble unos folletos...


2. Cuando compraba unos calzoncillos en un puesto en la calle y, despues de que la doña me mostrara toooooodos los que pudo, se me cagara de risa por los que elegí diciendo que eran los que "tenían menos onda". ¡Pero qué linda señora!


3. Cuando pasó algo complicado de explicar. Estaba nervioso y decidí tomarme una birra para que se me pasara la ansiedad. Fui al koreano a comprarla. A la vuelta, me encuentro con mi amiga Pil en la entrada del depto. Me dice "quiero una coca". Ok, volvemos al koreano a buscar la coca, yo con la birra en la mano.
Volviendo nuevamente al depto la llamo a la tía Tere para preguntarle si puedo tomarme la birra después de un ansiolítico (me había clavado uno un rato antes). Me dice que no, y que tome jugo de limón.
Volvemos a buscar limón al koreano y el viejo de mierda me ve por TERCERA vez en su despensa con la birra en la mano y, después de su eterno mutismo koreano, se decide a hablar para decir a los gritos: JA! SE TE VA A CALENTAR LA CERVEZA. Koreano hermoso, cándido, bello y amoroso, ¡por favor callate!


4. Cuando le dije a mi abuela "eeeehh... tenés menos onda que pelo lacio" y ella me respondió "y a vos te dicen brasilero porque tenés pelo de mota" (?)


5. Cuando, en uno de mis superados arranques de cleptomanía, sucumbí ante la tentación de afanarle la caipirinha a un tipo en un boliche. Estuve como 15 minutos sentado al lado del man juntando coraje. El vaso estaba a su lado sobre una tarima y, evidentemente, el tipo no le daba bola. Depués de muchas vueltas, lo agarro y salgo caminando con la típica y estúpida actitud de disimulo, como por las dudas de que el tipo me fuera a mirar.
Acto seguido, empino con entusiasmo mi nuevo vaso, abro grande la boca y trago un sorbo de caipirinha helada con dos o tres puchos apagados adentro. Plop!


6. Cuando, con la mejor onda del mundo, le pregunté a una panadera "¿Qué tenés de divertido para comer?" y me respondió "Yo cuando como, no me río..." Ah, tenés onda, eh. Te quiero mucho mostra...


sábado, 22 de marzo de 2008

GININ IGEBEH TNI TUB


I need so much to talk to you.

I need so much to talk to.

I need so much to talk.

I need so much to.

I need so much.

I need so.

I need.

I.

Just I.
But in the beginning, the one thing was you.

martes, 28 de agosto de 2007

La Gasistoria


Amigos del blog de Rulo, a los que todavía no la conocen les presento la Gasistoria, un relato verídico protagonizado por quien les tipea. Lo que les muestro es un extracto de un chat con mi amigo Edu Roldán, quien ofició de Antonio Carrizo junto a este Contra-Buenascostumbres ...

(...)
eduS dice: dale tirame

Rulo dice:
bueh. rosario, año 2003/2004. temporada de invierno. frío, soledad, humedad, galletita variedad. camino desde la casa de mi abuela, zona oeste, barrio godoy. hacia la universidad, avenida pellegrini, world trade center rosarigazino. desde el old west de las zanjas abiertas y los perros de tres patas. hacia la cheta universidad con un parripollo al flanco este... este cuerpito, este redactor que les habla. habitaba la unidad 37 de la línea 123, línea de transporte urbano público que conecta la bienamada zona oeste con el centro y otros lados que no sé... porque siempre me bajaba cerca de la facu. bueh, este cuerpito decía. compartía la unidad con otros tantos ocasionales compañeros de viaje. desconocidos, anónimos a mis ojos. pero unidos contra el frío, contra el implacable pasamanos metálico. que friamente hería los huesos. y atacabala piel... y este, nuestro protagonista, en esas andaba... (eduS dice: zzzzz zzzzz zzz). parado, rodeado de sus bienapreciados congéneres. hasta que suelta un denso, calentito y maloliente gas. (eduS dice: y?). muy muy malo, hiriente. y caliente. y bueno, el destino quiso que un momento que pudo ser trágico. de agitación social y protesta colectiva. se convirtiera en un día inolvidable. consagratorio. que marcara para siempre el destino de este redactor ventilador. porque, se alinearon los astros. guiando la sapiencia y el habla de una de las ocasionales compañeras de transporte. quien, con gesto oscuro, ceño fruncido y voz tomada por el frío, dijera... en voz alta y ciertamente quejosa, abierta a la colectividad del colectivo. "mierda que se cagan lindo, eh". y fui feliz, muy feliz. fin. (llanto). lloro. (eduS dice: jajajajajaa)

Epílogo 1.
ese soy yo. y es mi corazon abierto. el que te habló. (eduS dice: fantastico.. fabuloso... extraordinario!). y es el orgullo de mi vida el que te ha contado. clap-clapeá tranquilo.(eduS dice: es lo mas sensible de tu persona no?). totalmente, es el alimento diario de mi ego. ese día empecé a ser un completo fanfarrón. descarado y soberbio, sabiondo de mis dotes y potencialidades. (eduS dice: eso si es el lado oscuro del alma) y lo digo sin un mínimo dejo de falsa o real modestia.

Epílogo 2.
eduS dice: es algo épico... romántico si se quiere
Rulo dice: y pédico
eduS dice: además...

miércoles, 22 de agosto de 2007

Paranori

(divague de un divague en http://www.noravega.blogspot.com/)


Y que viva sí el momento:
¡arriba la inspiración!
Haz de garabatos canción.
De los quedos, siempre intentos.
Y a estos años, atentos.
Si a la creatividad va la intención,
cada bostezo será canción.
Cada guión será Memento.

Sí al arte y la pintura:
pincelá ese algo increíble.
Nada sea ya reducible,
ni desecho ni basura.
Si increíble es cordura
y opciones son elección,
al camino darle acción
y a encuadrarle la moldura.

Y las formas de tomar algo
que a otras formas hagan cambiar:
la esencia no ha de variar
aunque Lassie se haga galgo.

martes, 14 de agosto de 2007

El paciente está clínicamente apto…


Primero me comí las uñas. Las diez. Dos hasta sangrar. Después la carnecita que sobresale junto al vacío de la uña recién cortada. Después los padrastros, de donde sangraron unas cuantas gotas más. Me mordí los labios, me arranqué las cejas, me apreté todos los puntos posibles en cara y cuello, y me rasqué la barba hasta el aburrimiento.

Y el tipo salió al pasillo y, con un ritmo insoportablemente parsimonioso para mi ansiedad, arrimó la puerta, se frotó las manos, suspiró mascando chicle con mucha cara de médico y dijo:

- El paciente está clínicamente apto…

Ni siquiera puedo decir que no lo creí. Ante tanta ansiedad estampada de plano frente a semejante lavada de manos, simplemente no lo entendí:

- ¿Qué?

Con una serenidad imposible de contagiar, entró en detalles. Sin abandonar el tono clínico, explicó:

- No hay síntomas importantes, los valores son normales… Nada de qué preocuparse. Puede llevárselo a casa, todo está bien…

Y eso es lo que vuelve a enfermar cuando uno más enfermo se siente. Esa incomprensión, esa ceguera, esa insensibilidad del tipo que no ve más allá de la carne. El rigor concreto del estetoscopio. La oculta presión que el tensiómetro no ve.

Sin poder levantar la mirada clavada en el piso, esquivé la dura cientificidad del médico y crucé el umbral, que aun conservaba el frío que él mismo le había impregnado al atravesarlo antes.

Mi compañero seguía en la camilla con el mismo gesto y semblante con el que llegamos. Claro, no había motivo para aliviarlo. No había diagnóstico que lo fuera a convencer a él, que ya no escuchaba nada. “No hay síntomas…”

Vencido, lo levanté de la camilla. Me lo puse en el pecho. Conecté las venas. Cerré la herida. Y me fui a casa.

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viernes, 3 de agosto de 2007

PARHAWAII. The lateral paradise.


Hola chicos! Vuelvo por un post a mi formato con unas líneas de introducción.
A los que me leen desde afuera (y a los que están en Paraguay pero son colgados) les cuento algunas cosas de Paraguay. Algunas cosas bastante particulares…
Si alguno tiene alguna más, que la haga comment. Saben loo!


Cosas bizarras que sólo puedieron pasarme acá.

1. Ver una muestra de arte en la que hay una previa donde el artista explica cómo es la obra y qué quiso decir con ella, además de dar unas indicaciones para observarla correctamente.

2. Que un vendedor ambulante y maricota me acose y me acaricie las manos (después de tocarme las bolas, vale la aclaración).

3. Que en una peña futbolera, otro balazo lidere los cantitos de la hinchada, acompañando sus cantos con pasitos de baile cachaquero.

4. Ver árboles en el medio de la calle (no en la vereda: en la calle, así como suena). Algunos incluso tienen canteros.

5. Que un brasuca que no-habla-español (de español fluido ni hablar) sea… locutor de radio!

6. Esta es buenísima, por eso queda para el final. No es tan exclusivamente paraguaya pero me pasó acá: encontrar un pelo en una ensalada. Es peor aún: el pelo era de unos tres centímetros de largo, tamaño en el que se llegaban a apreciar la raíz y la punta. Es peor todavía: la cocinera era mujer, por lo que el pelo no era de barba ni axila.**


Estas cosas me vi acá. En un lugar casi irreal de tan loco...
Japiro Ibiza mba´e pio pea la Vegaskuéra terehona emano mba´e primer mundope…


** Me felicito por haber evadido satisfactoriamente en en punto 6 el uso del vocablo “concha”.

miércoles, 1 de agosto de 2007

The Doooooooooors


Suspiré por última vez y cerré los ojos. Las placas de acero se deslizaron impecables y pasivas frente a mí, separándose y dándome paso. Un amplio y profundo pasillo se apareció ante mi vista, muy iluminado y con el piso reluciente. Doy un paso adelante y sólo empiezo a ver puertas. Puertas, puertas, puertas. Miles de puertas. Pasillos, esquinas, recodos y más puertas.

La iluminación perfecta e imponente. Muchas ventanas por las que entraba otro tanto de luz muy blanca. Conductos de aire que mantenían una atmósfera fresca. Todo tenía un tinte ideal, un color claro de pasividad y calma. Excepto las puertas.

Me perdían. Me sorprendían en cada giro. Me apuraban. Me llevaban a nada. Puerta, pasillo, puerta. Sonidos de puertas. Carteles indiciadores de puertas. Puertas y más puertas.

¿Señor, sabe dónde q--? Disculpe, señorit--. Nadie sabía. Nadie miraba. Nadie nada, todos seguían.

Y seguí para adelante, pasando puertas mientras algo me hacía ruido en las tripas. El tiempo pasaba entre un tic tac de picaportes y bisagras. Atravesando umbrales que no terminaban de quedar atrás por todos los que les continuaban hacia adelante.

Después del enésimo respiro, volví a atravesar un nuevo tramo de este camino disperso. Me rendí. Paré.

Cabizbajo, crucé los brazos sobre la panza y me dije: “Ya fue, este shopping es un quilombo. Me voy a cagar a casa”.

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martes, 24 de julio de 2007

La mesa de las rimas


Martes. Hoy vuelven a juntarse los caballeros de la mesa de las rimas, en El Bar de la Paloma. Son cuatro tipos entrados en años y algunos dirían que ya tienen sus vidas hechas, sus familias formadas y sus raíces echadas. Pero más bien se diría que esas cosas les faltan y, cada martes, ese y otros temas alimentan las líneas de la mesa de las rimas del Bar de la Paloma.

Es bien curiosa la charla que llevan estos viejos muchachos en sus noches de copas. Los visitantes del lugar suelen voltearse y reacomodarse en sus sillas para oírlos con un disimulo generalmente muy poco disimulado. Todos preguntan sobre estos tipos raros, a veces susurrantes, más tarde risueños, recostados hacia el fondo del bar. Todos quieren saberlo y vuelven a preguntar: ¿por qué hablan así?

No importa por qué. Lo cierto es que estos cuatro hombres de copas también son hombres de letras y de sombras. Y como cualquier hombre que arrastra consigo algún pesar pasado y añejo, han visto despertar en ellos el suspiro de la poesía como la salida de emergencia al dolor. De cualquier manera, no es la tristeza de sus versos lo que más habla de ellos. De tanto vivir de la poesía, simplemente y sin distinción de ocasión, los tipos hablan así. Y ahí están, en su mesa de los martes. La mesa de las rimas del Bar de la Paloma.

Rubén es el viejo cabrón sentado en el lado más lejano a la puerta. El de las cejas tupidas que, juntándose al medio, le arrugan la frente y le oscurecen la mirada. Es del vino. No es el amigo del vino que es el viejo Octavio: es un tomador de vinos a tragos largos, un vaciador de copas de esos que hablan respirando por la boca y gruñen hasta cuando muestran satisfacción. Después de la primera pasada del mozo, el viejo Rubén dijo

Este vino está caliente.
La botella, vieja y sucia.
Pa´ venderlo, el hijoputa
guardará un tonel de astucia…

Don Esteban se caracteriza por su amabilidad. Es un tipo caballero y muy educado sobre todas las cosas. Un tipo de cara redonda y blanca, mirada franca y una sonrisa permanente e invisible dibujada sobre un rostro a todos familiar. Tratando de suavizar la grosería de Rubén, aunque sin querer oponérsele, dijo

Amigo mío mesero, mi compañero no está entero.
No ha tenido un buen día y lo turba el nervio en un velo…
Si no es molestia pediría que me salude al cocinero
y me acerque una copa más con un poquitito de hielo...

Rubén escupió unas últimas líneas contra la mesa, dando por concluida la cosa:

La burrada del meta-hielo
pa´ salvar vinos cabrones,
más que de hombres caballeros
lo será de maricones…

Don Esteban miró al viejo Octavio, quien devolviéndole la encogida de hombros, se alejó del tema para deshacerse en elogios al Pinot que apenas estaba oliendo:

Fijate la burbujita que hace cuando se cae.
Envuelve un chiquito el aroma que va a contarme su edad.
Va soltando el airecito y empieza a mostrarme el gusto.
Ya imagino ese redondo suavecito en el paladar…

Enamorado de su copa, la volvió a mirar y la siguió olfateando con la nariz bien adentro, como quien persigue la huella de un recuerdo que no termina de reconstruir.

Ernesto es de esos tipos que no terminan de cuadrar con el grupo del que forman parte. Son sus modales, su forma de vestir o simplemente la forma de habitar esa mesa, diferente a la de los demás, lo que lo hace ver un tanto fuera del circuito. Y tiene una particularidad: por no decir que es un poco falto de palabras e ingenio improvisador, construye unos versos de rimas y métricas bastante poco usuales. Lo cual, en definitiva, es una excepción a su presencia, ya que es un hombre más bien callado. Asiente más de lo que dice. No obstante, le llegó el turno de hacer su pedido y le dijo al mozo

Buenas noches amigazo
voy a pedirle un jugo de vaso.
Es que mañana me levantaré temprano:
tengo que hacer unas compras… muy temprano.

Y pasó la noche del martes entre copas y versos. Como todos los martes en el Bar de La Paloma, se habló de fútbol, de política, de mujeres, de los problemas del mundo y de la solución de todos esos problemas. Y como siempre, todo tema sobre el que se habló se verseó. Esa es la especialidad de los tipos…

Esa noche, que fue particularmente breve, empezó a terminar con la despedida de Ernesto. Después de masticarla un ratito, soltó:

Como dije, mañana amaneciendo
me he de levantar.
Así que me voy retirando
para salir y también…
los voy a saludar.

Entonces todos se levantaron y al instante empezó un cruce de saludos sin fin entre los hombres de rimas, que se despidieron hasta la semana siguiente mientras se encaminaban hacia la calle.

Che, nos vemos el lunes,
a ver si mejora el vino…

Que tengan buena semana, agarro por este camino.
lamento no acompañarles, disculpen el egoísmo…

Andá nomás pelotudo,
no te calientes por estos tilingos…

Me voy camino a la luna a soñar con el Pinot,
en una semana volveremos, y a brindar con don Merlot…

Un gusto verlos de nuevo. El martes volvemos al rito
de juntarnos a la mesa a compartir el dulce vinito…

Chau amigos de letras,
disfruté mucho viéndoles…
A esta hora ya se termina el martes
y justito también… ya empieza el miércoles.

Ya me duermo en el sendero y camino hacia mis sueños
queriendo sean realidades, queriendo serles el dueño…

Y ahí se van los poetas de El Bar de la Paloma, arrastrando versos por las veredas que los van a volver a juntar en siete días. En otro martes de vino y bar... El único día que justificará el paso de una nueva semana de letras eternas.

jueves, 19 de julio de 2007

Estoy en mis días…


Un día como hoy, pero de este mismo año, no entiendo algunas cosas. Me quiero cortar un poco las bolas, pero a los problemas hay que ponerles huevo. Mejor me los dejo puestos.

Me acuerdo de viejas formas de actuar, al mismo tiempo que me lamento por ciertas viejas estructuras, con las que necesito aprender a convivir tanto como necesito despegarme de ellas.

Un día como hoy quizás sea como hace una semana, donde tenía seguridad de cuál era mi lugar. Pero siento que mi quintita se agrietó, se fracturó o desapareció por mil partes. Y no sé si quiero patear tanto para volver a tenerla.

Un día después de tanto ooooooleee me ensarté una vez contra la pared. Pegó fuerte y me dejó zumbando. Y me doy cuenta de que necesito ser lo suficientemente vivo para tener el mate entero y poder seguir. Así que la próxima voy a entrar despacito para tratar de que no se rompa.

Un día como hoy me tengo que callar la boca. Mañana, pasado y los que vengan también.


Un día como hoy, que ya es otro, retomé este texto con un desgano importante y repetido. Aunque con menos rollo que el día anterior...

Así que hoy voy a decir que nada me calienta tanto, y que se hagan dar bien dados todos los que necesiten. Y que voy a seguir boqueando, voy a poner huevo si quiero y voy a arriesgarlos cuando tenga ganas de hacerlo. Y cuando quiera me hago lugar y cuando quiera salto la puta pared y me escapo. Porque me la banco. Si me la quiero bancar, ¿tá?


lunes, 9 de julio de 2007


No por ser pensantes quedará objeto sin pensar.
No por ser trabajadores trabajaremos siempre.
No por ser parlantes hablaremos incansablemente.
Ni por ser humanos erraremos constantemente.

No por ser ambiciosos quedará aldea sin gobernar.
No por ser curiosos no dejaremos de preguntar.
No por ser racionales racionaremos sentimientos.
Ni por ser sentimental vas a sentir mi razonamiento.

No por ser buenos llegaremos a ser santos.
No por ser malos veremos caer más llanto.
No por ser constantes borraremos cicatrices.
Ni por ser poco compadres dormiremos infelices.

No por perdonar a uno jamás seremos divinos.
No por curar la tos llegaremos a otorrinos.
No por estar tan frescos mutaremos en pepinos.
Ni por más grosso que seas llegarás a un ajjjjentíiiiino!


Broken and Felt Down


Esta mañana rompí la cruz. Pensé rápido, quizás actué apresuradamente. O pensé en otras cosas y la rompí.
Y me colgué con las cosas que quizás despedazaba quebrando esa cruz pequeña. ¿Qué cosas se habrán ido a la basura con ese pedazo de símbolo?

Siempre colgada ahí, cerca de mí... Era un elemento más de mi lugar. Un elemento más y nada más. De mi lugar, nada menos. Era de ese tipo de cosas que significan cuando faltan y que, cuando no están, demuestran esa extraña y contradictoria omnipresencia imperceptible. Que iluminan esa vacuidad de la cosa que no se veía. Y que sin destacar, marca.

Pero esta sensación fue aun un poco más lejos. No la perdí: la destruí. La descarté y la hice desaparecer. Para que me marcara siempre y a cada paso por venir. Pienso en un aborto. En ese momento, difícil de dimensionar, en que se capa una vida que uno cree propia. Que uno manipula a inconciencia, justamente por considerarla como cosa suya. Como cosa de hombre, cuando es cosa de Dios.

Y, aunque nada de esto entiendo ni sé qué significa, todavía siento una imperiosa necesidad de saber cuántas nuevas cruces voy a cargarme encima por haberla destruido. O si esas condenas sólo estaban suspendidas marcándome desde mi arriba. Y de repente cayeron. Cuando la hice caer.

viernes, 6 de julio de 2007

Un garrón en el teléfono


Anoche llamé a Susana,
rogando lamer su pasión.
Me consoló ofreciéndome ayuda
para el Juego del Millón.

Ayer te llamé, Susana
atendiste al cuarto intento.
Sorprendida alardeaste:
“llama Rulo! Qué momentooo!!!”

Anoche le hablé a Susana.
Bien claro, conciso y directo,
le dije “¿Me amas, Susana?”;
Ella respondió “coorrectoooo!!”

Ayer me llamó Susana,
yo miraba viejos videos.
Me dijo que le mande un sobre
con etiquetas de fideos.

Ayer la llamé a Susana,
mientras miraba Canal á
Con profundo arte me dijo
“¿La SU la SA o la NA?”

Anoche celé a Susana:
su rating fue mi termómetro.
Aplacándome me dijo
“Ganaste un cero kilómetro!”

Ayer apuré a Susana,
Le pedí sexo y pasión
fue su frase sugestiva:
“¿Vas a hundirme el Galeón?”

Ayer hablé con Susana.
Preguntó por mi tía Marta
y después del chusmerío
deliró: “mandá más cartas!”.

Ayer la llamé al celu
su ringtone, muy expresivo,
rugía con gritos salvajes
¡de un dinosaurio vivo!

Ayer hablé con Susana.
Me confundió con un fulano
y me ofreció una luca verde
por bailar con los Susanos

Ayer jadeó Susana
(hablaba desde el camarín),
jadeante, meta matraca
con Monzón, Calvo y Darín.

Ayer me atendió Susana
y me dijo “Hola Ruli,
tengo lío con la demanda
al maldito Maestruli”

Ayer le dije a Susana:
“Estoy mal loca, viste”
Me dijo no “te hagas drama,
ni te pierdas el Show del Chiste”.

Ayer me cansó Susana:
harto de su banalidad,
le grité “tus brillos y bótox
no son mi felicidad”.

Susana conchuda y puta:
quiero ya que cambies el tono,
y cuando te pele el matambre
grites fuerte “me lo comooooo!”.

viernes, 29 de junio de 2007

Yo te vi


Esto me pasó anoche. A la madrugada, mientras esperaba el colectivo para venir a Asunción.

Antes de contar la cosa en concreto, intentaré compartir con ustedes una cantidad de sensaciones raras que experimenté en el lugar…

Hacía frío. Lo suficiente como para mantenerme inquieto, dando vueltas a un lado de la ruta para no enfriarme. Esa inquietud de cuerpo, por alguna razón se me metió en la cabeza, o en el pecho, y me puso intranquilo. Habían pasado las 2 de la mañana de un lunes y había muy poco movimiento en esa zona, a 200 kilómetros de la frontera. De vez en cuando algún tipo pasaba pedaleando o manejando una motito en dirección a unos barrios alejados de por ahí.

Ahí comienza a darse esta serie de cosas. Empiezo observando a la gente que pasaba frente a mí. Todas las caras eran negras. Las pieles negras. Algo que me resultó aun más curioso: la gente no tenía rasgos africanos, no era de raza negra. Era la gente normal del lugar, eran criollos. Sólo su color era otro. Y además llevaban intimidantes sonrisas raras, con dientes tan luminosos como sus miradas.

Finalmente todos pasaron. Miraron (me miraron fijamente no menos de cinco) y pasaron. Algunos incluso dando rodeos y volviendo a pasar luego de parar no sé donde.

Alternando con estos personajes, varios autos también aportaron lo suyo a mi cabeza fuertemente sugestionada a esta altura. Remises que paraban, hacían señales de luces con extrañas secuencias, choferes que hablaban brevemente por radio sin dejar de mirarme.

Después, los perros. Mierda, esto ya tuvo un excesivo matiz de confirmación a mi efervescente manía persecutoria. Los perritos, los buenos perros de la calle. Mis silenciosos compañeros de calle, de caminatas en las noches de tantas ciudades… Cualquiera sea su rumbo y ritmo de paso, todos y en cualquier dirección, se tomaban un sereno respiro para observarme con la cabeza agachada y los ojos bien abiertos. Incluso algunos que pasaban solos observándome, al instante estaban junto a otros, como husmeando entre olfateos y volviéndome a mirar.

Hasta aquí el preámbulo. Después, llegó el Diablo.

Empecé a sentir su presencia por un leve zumbido. Como un rugido contenido vibrando en un pecho henchido. Y todo después transformado en el chillido hiriente de algún ave oscura y dolida.

Me desconcertó que me fuera imposible identificar de dónde venía el sonido. No venía de algún lugar en particular, aun de ninguno de los cuatro costados. Miré hacia arriba. Nada, lo mismo. Abajo, al suelo. Venía tanto de lejos como desde mi propia cabeza, resonando en mis oídos.

Un momento después, una piara de sombras negras comenzó a rodear el lugar. Decenas de manchas oscuras se arrastraron por el piso, por las pocas paredes que había a mi alrededor, sobre otras tantas más lejos de mí y hasta flotando en el aire que corría gélido. Sólo manchas negras. Horribles, arrastradas, densas. Como aceitosas...

El frío aumentó repentinamente, al tiempo que un viento arremolinado fuera generado por el giro de todo lo que había a mi alrededor. Todo lo que me rodeaba comenzó a girar en torno a mí, provocando un viento muerto. A veces seco, a veces duro, siempre molesto y helado.

En medio de ese vértigo, el frío del aire comenzó a chocar con violencia contra el calor de mi cuerpo ya agitado. El corazón me latía descolocado y a destiempo. Las manos se retorcían sin encontrar algo de que agarrarse. A nada podía aferrarme. Ni a otra mano ni a una cuerda. Ni a seguir vivo.

Comencé a rezar. Intenté mirar al cielo, queriendo rogar protección. Simplemente, el cielo no estaba. Nada se veía aparte de las sombras. El colectivo no llegaba. Aun buscaba alguna salvación mundana, concreta e inmediata. Nada…

Después hay sólo una cinta negra: en algún momento sufrí un vacío en la memoria. Una ceguera temporaria de la cual no me queda un solo registro. Una falta total de sentidos que acabó recién al bajar del colectivo, ya pisando otro país.

De esa nebulosa confusa y atemporal recuerdo sólo una cosa. Una voz de hielo me maldijo lanzándome una condena certera y tajante, que me pesa hasta esta misma línea. Sólo dijo “jamás podrás contar el fin de esta historia”.

viernes, 15 de junio de 2007

Sixty/Sixty


Ya no hay más tiempo. Todo se termina.
Pero ahora te doy un minuto.

Un minuto para decir lo que te pasó.
Y no tener que decir más adelante que se te pasó sin haberlo dicho.

Un minuto para decidir quedarte. O huir desesperado.

Un minuto más para estar con ellos.
Un minuto para abrazar a los perros.

Un minuto de imágenes guardadas,
de flashes tomados de la calle que van a quedar en tu cabeza.

Un minuto para desperezarte, tocarte la nariz y cantar.
Mandar un beso por mail y un abrazo por messenger.

Un minuto para darlos en serio, en tiempo, forma, carne y hueso.

Un minuto para oler la comida de ahora y acordarte de la de antes.

Un minuto para llegar un poquito tarde y divagarme y excusarte.
Y que yo no te crea nada porque hago lo mismo siempre.

Un minuto para hacer la moonwalk y caminar hacia adelante
como se te cante el huevo.

Un minuto para escuchar canciones viejas y chotas.
Menos las de Montecarlo. Y pido perdón por lo facho.

Un minuto para hacer algo por tus ideas.
Y no putear después porque lo hizo otro y vos ni ahí.

Un minuto para mandarme al carajo.
Para que deje de decirte qué hacer con tu tiempo.


Pero todo se acaba y ya no queda nada. Ni un segundo.

Como hace más de doscientas palabras. Cuando te dije que todo se terminaba. Pero ahora te doy un minuto.

jueves, 7 de junio de 2007

Regalá una canción


¿Qué onda muchachos? La salida de hoy es cualquiera. Pero ya da ya...
La onda tiene que ver con un tipo de regalo que he recibido y hecho muchas veces. Y creo que es uno de los mejores presentes que se puede dar… Estos son los míos.


Mis canciones recibidas

de Nati, Duerme, Samba y acuarela y Mientras bailas
de Maxi, Whiskey in the jar
de Carmi, Girl from Ipanema y The way you look tonight
de David, Despedazado por mil partes
de la Pani, Y todavía te quiero
de Pani, Oleo de una mujer con sombrero y Libertango
de Cacha, Solo
de Gauayacán, Confidencia (tú no sabes amiga),
de Carlitos, Romance del domador y Cuando miran tus ojos
de Kari, Octavo día
del Pela, Tool
de Markos, Alive
de Mauro, Volaré y El Soldado
de Marian, Nightwish y Gurú
de Barba!, Puente
de Grey, Bombón asesino!!
del Mendia, Another brick in te wall (el video)
de Edu, Lithium, Teen spirit, Territorial pissing y 2 minutos
de Maripa, Revolvió
de Ana Paula loca, la de la cachaquera boliviana


Mis canciones regaladas
A Nati, Cuida mi alma
al Gordo, “Hay una mina que me gusta… es una princesa maya” (todavía te debo el disco)
a Nikita, CR!
a Maripa, Ella
al Clásico, Vudú y Libertango
al Mendia, Cerati, Cabezones, Kapanga…
a Miki!, Zombie
a Lau, Nos sobran los motivos (el recitado)
a mi abuela (y de mi abuela, y robado encima), los temas del viejo Castillo
a Valdinho, Intoxicados (hasta que se cansó, je)
a Rocío, El sueño de la gitana
a Folencia, Noches de boda (con Chavela Vargas)
a Robinho, Espina

Si han regalado o recibido canciones que han significado algo, taría bueno que cuenten de o a quién fue el regalo y qué significó. Si no han recibido, regalado ni calentádose por el tema, voten qué prenda de San Juan quieren que haga y pasaré en breve a satisfacer sus fantasías misticopaganas a domicilio...

jueves, 31 de mayo de 2007

Essi Dobradu


Hola señora…
Se me ocurrió escribir esto mientras intentaba cocinar algo parecido a una sopa. Creo que está inspirado en viejas luchas de amigos que sufrieron y supieron irse.

Puede que este gómito sea todavía la lucha de algunos. Y la cadena de otros...



Me dobla.

Tu presión me dobla. Tu fricción me dobla. Tu asfixia me dobla.
Mi sudor. Mi agonía. Tu tenacidad y la piedad dormida.

Aguanté tu pie contra mi torso y tus uñas desgarrando mis sienes. Gimiendo en el silencio de mi serenidad.

Y no pude más.

Y me doblo. Y me doblan.

Tus ojos, ese grito espantoso de la boca maldita y la risa podrida. Y me caí.

Y como un clavo torcido, mi cuerpo todo se enterró en el piso. Puedo ver el ras del suelo arañando la punta de mi nariz, mientras el pelo me anuda los dedos de los pies y mi garganta vibra entre los tobillos. Y el culo se me entumece con el frío tornillo del piso.

Y el pecho ni se me infla, retorcido entre mis muslos y una columna de partes tensas y a la vez trémulas.

Me dobla. Y me doblás. Y tengo ganas de llorar.

Y la humedad del llanto me cala con frío en los huesos, que se van a romper. Se van a volver a doblar y ya no dan más.

Pero será sólo hasta que vuelva a salir.

Con mi cuerpo en dos.

Doblado de fuerza. Con el doble de ganas y con dos veces más voluntad.

lunes, 28 de mayo de 2007

Retrotrack 2.


Hola chico! Hace un poco más de un año me venía a trabajar a Paraguay. Y etonces me preguntaba cosas sobre el futuro y el laburo. Como ahora. Y escribía y guardaba. Como ahora.
Y no laburaba tanto (como ahora).

Y escribía cosas como poesías. Nada más que sin métrica y sin rima... La vanguardia es así.


A donde vas?

Te invito a mi futuro.
Al estreno de mi alma.
La inauguración de mi porvenir.

Vamos.
Entremos afuera.
Salgamos hacia nosotros.
Transitame mientras recorro tu pasado.

Casi completo el circuito que empieza en tus manos.
Termina en tu alma.
Casi no empiezo y casi termino.
Y casi conozco toda la geografía.

No creo que haya un camino.
Hay cientos de miles.
Hay uno.
Quizás no haya ninguno, ni lleve a nada.



Las ideas.

Las ideas se mueven, tienen peso.
Siento su inercia rondando mi cabeza.
Cuando salen, apenas discurren.
Casi nunca explotan.

No me rompen el cráneo.
Amaría una idea que me haga sonreír.
Una idea que me destroce
también es digna de mi admiración.

Es lindo recordar sentimientos fuertes.
Y profundos.
Es intenso recordar terribles sufrimientos.
Nos recuerdan lo bien que estamos.

Agradezcamos a Dios por todo eso.



aDios

Yo siento a Dios cerca.
Pero me siento indigno.
Una fuerza me acompaña.
Creo que me escucha.

Yo, sin embargo, no.
Parece que no escuchara sus mandatos.
Sólo disfruto de su compañía.
Maldito usurero. Ciego. Humano.

¿Dios regala? ¿Dios Castiga?
¿Que espera de mi?
No creo que pueda cumplir con él.
Pero siento su presencia.

¿Por qué está a mi lado?
Yo no debería estarlo.
¿Quién merece? ¿Quién sabe?
Yo no creo. Yo creo que no.



Guardo en Words

Salen las palabas.
Lejos de las ideas.
Independientes, con propia vida.
No importa que dicen
Son palabras.
Viven. Mutan. Fluyen. Nombran.
Banana, Purina, Cielo, Juego,
Entrecejo, Pelo, Confeso y Miedo.
Se escriben con mayúscula.
Son personas.
Tan grandes como las personas.
Son más nobles. Son inmortales.
De ellas vivimos. Ellas nos sobreviven.
Son las amas del universo.



Rima.

El cielo de la mea,
zumba vela perea.
Escucha canto talante
Álamo, aljibe, estanque.

Casita, fueguito, tierra,
Espada cuelga marea.
Vive, envuelve, pajarito
causa y efecto, prurito.

Magia, galaxia, ultranza.
Manada humana: Esperanza.
Inmensidad, cielo, hierro.
Demonios, el tiempo. Recelo.



Fuera.

¿Existe desterrarse?
Uno habita un lugar en el mundo,
o uno es mundo en busca de un lugar que habitar?
Mis cosas van conmigo. Ninguna se queda.

Se quedan las personas que viven en mí.
Van conmigo aunque sigan allá.
Uno nunca está lejos de ellos.
Como no se puede estar lejos de uno mismo.

De pronto te falta algo adentro.
¿La patria? ¿La gente? ¿El dulce de leche?
Los recuerdos de esas experiencias viajan conmigo.
Mi gente está en mi valija.

A dónde volver.
Dónde es nuestro allá.
Hasta cuándo es acá.
Voy o en realidad estoy volviendo.

Me pregunto mientras ando...